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El mar del invierno

Ella caminaba por la playa descalza, sus pasos lentos le permitían sentir la textura rugosa de la arena, fría como correspondía a ese mes de agosto que ya empezaba a agonizar. Las olas atacaban a sus pies en episodios rítmicos, clavándole agujas heladas, que le devolvían la vida por unos instantes. El viento soplaba con fuerza desde el horizonte lejano, donde la tormenta eléctrica bullía y avanzaba constante hacia su cuerpo frágil. Llevaba en su mano un libro gastado de Alfonsina Storni. Era “Poemas de Amor”, la versión francesa de Max Daireaux de 1926, una reliquia que estaba en su familia desde que Ella tenía memoria. Su abuela le había enseñado los rudimentos del idioma cuando era una niña que aún no acababa de aprender el español. Luego, en la academia, se había perfeccionado y se había enamorado de una París que nunca llegó a conocer. Ese manojo de hojas amarillentas había sido su mayor tesoro en este mundo. El mar siempre le había dado el punto de escape para sus tensione...

Dama de negro (Poema)

Cuando leve la radiante sombra apareció y un cerillo de la hoguera fue su amante creador, luces tenues se posaron en la noche acaecida, luna nueva en la caja negra fue ráfaga y resplandor. Ha caído un manto oscuro, siendo capa, quizás telón de hoyos siderales, agujereado para que se filtre la luz del paraíso hasta la rasante posición. Arremeten las corrientes de aire arreando nubes, cual ganado arrastrado en busca de mejor pastura. Se enfría la superficie, se hiela de toda paciencia la roca, libre de la maza, de la tortura certera. Respiran ahora las plantas, sumidas en fotosíntesis oscura; escarban el humus buscando encontrar depósitos de agua, sal y mineral. Se ha perdido la vergüenza que la luz sola mantiene en vigencia; flotan en el paraíso de sombras las libertades, instintos, sin tener que rendir cuentas ante más juez que el viento indulgente, que sopla arrogante al olvido sus sentencias. Ha caído el ayer, desplomándose en ...